SAN MARTIN VUELVE

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Un nuevo 17 de agosto se acerca y, con él, se renueva el recordatorio para esa figura cumbre de nuestra historia, el Gral San Martín. Seguramente se sucederán actos oficiales en los que se pronunciarán los consabidos discursos de ocasión. También en las escuelas primarias, las maestras educadas en el magisterio liberal sarmientino leerán a los niños alguna máxima del General a su hija, acto cortito y a otra cosa. Quién no recuerda los actos del secundario, ahora también suele suceder, en los que los profesores a cargo, imbuídos de la ideología posmoderna, leen de corrido aburridos discursos en los que se detalla la biografía del "gran hombre". Frente a ellos escuchan grupos de adolescentes que, a pesar de lo que se diga de ellos, soportan estoicamente los mismos mensajes de siempre, mientras los preceptores vigilan que guarden decoro. Ellos, los alumnos, esperan pacientemente que algún día se les hable de los avatares que tuvo que superar el héroe patrio, por ejemplo.
Felizmente no todo es así. De vez en cuando, algún profesor comprometido con la historia, se atreve a romper con la solemnidad y versión mitrista y dice cosas interesantes como que es una mentira que Bolívar le quitó protagonismo al Gral en Guayaquil y que los enemigos de su proyecto continental estaban en la burguesía porteña y en el mismísimo Rivadavia que le boicoteaba su campaña libertadora. Curioso caso éste. En muchos salones de actos escolares o despachos de directores suelen verse los cuadros de San Martín y Rivadavia juntos. Y uno piensa, que ironía del destino, porque si San Martín pudiera sacar una mano del cuadro le rompería le cara al "ilustre prócer de América" según Mitre. Si a todo esto le sumamos los discursos de los voceros de la Academia y las efemérides de La Nación, el panorama no es nada alentador. Así y todo, la figura revolucionaria de San Martín se levanta en toda América y sus ideales de una Gran Nación Americana no han muerto. La labor de los cipayos ha estado orientada a olvidar deliberadamente, el rechazo sanmartiniano al absolutismo, sus planteos económicos proteccionistas, sus buenas relaciones con los caudillos federales y su desconfianza permanente de los comerciantes porteños. Ni hablar del ninguneo historicista oficial a la muy buena relación construída entre el viejo General y Rosas donde el propio San Martín le ofrece su sable en honor a la resistencia de la Confederación frente a los imperios. Claro, es mucho más fácil crear un mito. El mito es único, está en el bronce. No tiene herederos. Es inalcanzable para el hombre común. Si lo vemos como pretendemos quienes sostenemos que la historia sirve para construír el camino de liberación, es un hombre con virtudes y defectos. Con un legado impresionante, que se humaniza y cuyas banderas sirven para emprender la lucha política del presente. Ese es el miedo de los sectores dominantes. Ellos necesitan un héroe de mármol. Un mito. Necesitan legitimar el pasado para legalizar la opresión del presente. El discurso oficial sobre San Martín es el discurso del poder. Es escuchar a Biolcati hablar de San Martín y sus valores en la Rural. Hoy debemos recuperar la figura del prócer y rescatarla de los baúles de los chovinistas de derecha. Recordar que San Martín cruzó los Andes con la Bandera del Ejercito de los Andes. Que sus principales oficiales (O' Higgins, Freire ) eran chilenos. Borrar de la mente el desprecio y el racismo hacia los hermanos sudamericanos y hacerles ver a estos reaccionarios que la mentira de Mitre, esa de que "San Martín les regaló la independencia a los peruanos", se cae a pedazos toda vez que en el Ejército Libertador hubieron centenares de combatientes peruanos.
En síntesis, tenemos que recuperar para el pueblo la figura del Gran Capitán. Hoy, se abre un futuro mucho más promisorio en nuestra América gracias a los distintos procesos de emancipación política, económica y social. A pesar de los contras, de las operaciones de prensa internas y externas, de la resistencia de los grandes grupos económicos, el legado de San Martín, Artigas y Bolívar, en estos doscientos años se está llevando a cabo. Con enormes dificultades. Pero se avanza. Nunca se ha visto como ahora, ver y oír a presidentes de esta gran América nombrar a San Martín, Bolívar, Miranda, con tanto énfasis y ahínco. Y no es sólo nombrarlos. Creo que vamos en esa dirección que ayer imaginaron esos próceres.
Rescatar ese legado, recuperar el mensaje del pasado para construír un nuevo presente, es mucho más que un discurso edulcorado cada 17 de agosto, es el convencimiento de que el cambio es posible. Ese es el miedo y el espanto que les causa a los plutócratas, que San Martín y Bolívar comiencen nuevamente a cabalgar por los territorios de América.

Prof Gustavo Pérez

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